Hay personas que, por más que quieran expresar lo que piensan, eligen guardar silencio cuando una conversación se pone tensa. De hecho, es probable que tu seas una de ellas. Evitar conflictos es su prioridad, aunque eso signifique renunciar a sus propios deseos o necesidades. La psicología ha estudiado este comportamiento, y detrás del silencio hay mucho más que una simple actitud pasiva.

El miedo al conflicto no es exclusivo de los más tímidos. Muchas veces nace en experiencias pasadas donde discutir solo trajo gritos o rupturas emocionales. Por eso, en la adultez, algunos desarrollan mecanismos para protegerse, como callar o ceder siempre ante los demás. También influye la necesidad de aprobación externa o el temor a decepcionar, que son comunes en personas con inseguridad o ansiedad social. Aunque pueda parecer una actitud conciliadora, evitar dar tu opinión tiene un coste emocional.

Las personas que actúan así suelen reprimir sus ideas, necesidades y emociones. A la larga, esto puede derivar en baja autoestima, frustración o incluso síntomas físicos como dolores de cabeza, fatiga o trastornos digestivos, al somatizar el malestar interno. Así lo confirma un estudio liderado por el psicólogo Dean Tjosvold, que concluye que evitar el conflicto de forma sistemática puede deteriorar las relaciones interpersonales y generar consecuencias psicológicas negativas, incluso si la intención inicial es mantener la paz.

Expresar lo que uno piensa no implica buscar pelea. La clave está en desarrollar habilidades como la comunicación asertiva. Ser asertivo no es ser agresivo, sino aprender a hablar claro y con respeto. También, sea este tu caso o no, es importante practicar el pensamiento crítico y cuestionar esos miedos irracionales que nos dicen que discrepar es algo negativo.

Con información de: El Tiempo

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