No es marinero ni capitán, pero Mario Salcedo, nacido en Cuba hace 72 años, lleva 25 navegando por los océanos de todo el mundo. Vive literalmente a bordo de un buque de la compañía Royal Caribbean, con la que ha realizado ya más de 1.000 cruceros. Se gasta casi 100.000 euros al año para permitirse un camarote con balcón que funciona como su oficina particular. Los tripulantes y pasajeros de la compañía le conocen simplemente como ‘Super Mario’.

Después de trabajar durante más de 20 años para una multinacional en Miami, Salcedo llegó a la conclusión de que estaba harto del mundo de los negocios de traje y corbata y de los largos vuelos para conocer a clientes internacionales. Así que lo dejó todo para crear su propia agencia de gestión de riquezas e inversión en la que se dedica a monitorizar y optimizar el patrimonio de grandes multimillonarios.

Después de emprender su primer crucero en 1997, el empresario quedó enganchado por esa forma de vida y decidió embarcarse en un viaje sin retorno. Probó algunas líneas de cruceros y se decidió por el Voyager of the Seas de Royal Caribbean como residencia permanente. Así ha sido desde el año 2000, pasando solo unos días al año en tierra y exceptuando una pausa obligatoria de 15 meses durante la pandemia del Covid.

Después de emprender su primer crucero en 1997, el empresario quedó enganchado por esa forma de vida y decidió embarcarse en un viaje sin retorno. Probó algunas líneas de cruceros y se decidió por el Voyager of the Seas de Royal Caribbean como residencia permanente. Así ha sido desde el año 2000, pasando solo unos días al año en tierra y exceptuando una pausa obligatoria de 15 meses durante la pandemiä del Cövid.

Lo malo de pasar 20 años en un crucero sin pisar casi tierra firme es que Mario ha desarrollado el síndrome conocido como mal de desembarque, un trastorno neurológico que le provoca una sensación persistente de balanceo, oscilación o movimiento después de haber estado expuesto a un entorno de movimiento constante. «He perdido mis piernas terrestres. Me balanceo tanto que no puedo caminar en línea recta. Estoy tan acostumbrado a estar en barcos que me siento más cómodo que en tierra», asegura.

Con información de El Confidencial

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