«Tengo 40 años y recién ahora estoy aprendiendo que está bien decir que no. Estaba decidida a que mis hijas no fueran tan complacientes como yo. Por eso, las animé a descubrir que existe otra posibilidad: la de cuestionar las cosas y resistir», cuenta Liliana Ebos, mamá de dos adolescentes y mujer que ha vivido en carne propia lo que es tener el «síndrome de la niña buena».

El ‘síndrome de la niña buena’ es un término que acuñó por primera vez la psicoterapeuta estadounidense Beverly Engel en su libro «The Nice Girl Syndrome» (2008) y que, según desarrolla, afecta mayoritariamente a la población femenina, aunque también puede ocurrir en hombres. Se trata de patrones de conducta arraigados en la infancia que se manifiestan, en no traer problemas, lucir siempre una buena cara, ser agradables, serviciales, atentos, anteponer los deseos de los demás por sobre los propios.

«Son individuos que desde una temprana edad asimilaron que para ser queridos tenían que darlo todo y adaptarse a todo tipo de circunstancias”, desarrolla Victoria Almiroty, licenciada en Psicología. “Su lugar es ser la variable de ajuste del resto”.

Existe una serie de herramientas o técnicas que aconseja Almiroty para revertir estas conductas: técnica del “no afirmativo”: “No, gracias, prefiero esto otro…” Registro corporal: detectar si hay tensión en garganta o pecho. Si la hay, es señal de que el “sí” fue forzado. Pregunta guía: “¿Esto lo quiero yo o lo hago para que me quieran?” Ejercicio de escritura: anotar 5 deseos reprimidos y accionar sobre uno por semana. Mantra: “Decir lo que pienso no rompe el vínculo, lo hace real”. Aprender a no hacerse cargo de emociones ajenas: “puedo entenderte sin solucionarte todo”.

Con información de: La Nación

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