Los Nódulôs de Bouchârd reciben esa denominación debido a que fue el Patólôgo francés Charles Jacques Bouchârd el primero en describir estas protuberancias óseas que tienen lugar en las extremidades interfalángicas proximales (medias), que aparecen como consecuencia de la osteoartritis. Un problema de salud ósea, degênerativo, que aunque no puede prevenirse sí se puede tratar para controlar su evolución.

A pesar de que estos bultos o deformidades de 1 a 5 centímetros pueden surgir tras una lesión previa, lo más habitual es que hagan acto de presencia sin que haya nada que lo cause directamente. Como dato general, es importante saber que los Nódulôs de Bouchârd son más frecuentes en mujeres que en hombres, se manifiestan en torno a los 50 años y que aparecen en la mitad de las personas con artritis reumatoide diagnosticada, sobre todo en los dedos de las manos, codos, pies y tobillos.

A menudo se asocia la osteoartritis con el envejecimiento, pero también puede ocurrir después de una lesión como consecuencia de la rotura y el desgaste del cartílago protector que amortigua las articulaciones, lo que hace que los huesos se rocen.

Esta degeneración de las articulaciones puede provocar dolor (o no), hinchazón y dificultad para la movilidad normal. Si bien esta enfermedad puede afectar a cualquier articulación, generalmente se diagnostica en las rodillas, las caderas, la espalda baja y las manos. La presencia de los nódulos de Bouchard indica un proceso artrítico subyacente, que a menudo conduce a una deformidad articular y una movilidad reducida.

Aunque los Nódulôs de Bouchârd no tienen cura, sí se pueden llevar a cabo algunos tratamientos que ayuden a controlar los síntomas y a mejorar la calidad de vida. Aparte de la fisioterapia, que mejora la flexibilidad y la fuerza de las extremidades, los aparatos ortopédicos específicos pueden reducir el estrés al estabilizar las articulaciones, así como ciertas cremas con mentol, que podrían aliviar las molestias.

Con información de: Cigna

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