Los viajeros que recorren por primera vez los llanos apureños, quedan sorprendidos cuando avistan, en la inmensidad de la sabana, las doradas dunas que se asoman a un lado del camino. Médanos de la Soledad es el nombre de este hermoso campo de arena eólica, rodeado de pastizales, matorrales y arbustos.

Los Médanos de la Soledad no son los únicos en estado Apure. Al sur de la entidad llanera, entre las planicies de los ríos Cunaviche, Capanaparo y Cinaruco, se levantan otros campos de arena que abarcan el 26% del territorio apureño.
Algunas dunas son de formación antigua y dan cuenta de las condiciones áridas que alguna vez existieron en la zona, hoy están cubiertas por vegetación. Otros médanos están activos y se mueven por la llanura al compás de los vientos alisios, durante la temporada de sequía, transformando el paisaje bajo la calidez del sol.

Pero las arenas de la Soledad son menos nómadas que las de los Médanos de Coro, el movimiento de los montículos es menor.
Las dunas apureñas tienen una altura que varía entre 1 y 10 metros, la arena es de granos finos, suave al tacto y se pueden recorrer a pie o caballo.

Durante la temporada de lluvias, las concavidades entre los Médanos de la Soledad se llenan de agua, formando pequeñas lagunas, en la que lugareños y visitantes se zambullen para aplacar el calor intenso y disfrutar de la singular belleza de este espacio natural.
Además de contribuir la conservación de la diversidad, los campos de dunas de Apure, sirven de refugio al ganado en los períodos de inundación.
Con Información y Fotografías de Haiman El Troudi









