Un creciente cuerpo de investigación sugiere que el momento y la cantidad de las comidas pueden tener un impacto significativo en la salud, especialmente en relación con el riesgÖ de enfermedÄdes metabólicas y cardiovasculares.
Según explicó la doctora Marta Garaulet, profesora de fisiologÍa, en la Universidad de Murcia, a New York Times, consumir la mayor parte de las calorías diarias durante la cena, como es común en países, podría estar relacionado con un mayor riesgÖ de obËsidad, diabËtes tipo 2, hipertËnsión y niveles elevados de inflÄmación.
En contraste, patrones alimenticios que priorizan un desayuno o almuerzo más sustanciales parecen ofrecer beneficios metabólicos y de control de peso.
La doctora Marta Garaulet, explicó que el cuerpo humano está mejor preparado para procesar grandes cantidades de alimentos durante la mañana.
Esto se debe a que, en las primeras horas del día, órganÖs como el hígadÖ y el páncrËas funcionan de manera más eficiente, facilitando la absÖrción de nutrientes y el control de los niveles de azúcar en la sangrË.
Sin embargo, a medida que avanza el día, estos órganÖs se vuelven menos receptivos, lo que puede dificultar la regulación de la glucosa, especialmente si se consumen comidas copiosas por la noche.
El Instituto Nacional de Salud (NIH) también ha destacado la importancia de sincronizar los horarios de las comidas con los ritmos circadianos del cuerpo.
Estudios recientes han demostrado que comer fuera de sincronía con estos ritmos, como consumir grandes cantidades de alimentos tarde en la noche, puede alterar los procesos metabólicos y aumentar el riesgÖ de enfermedÄdes crónicas.
Además, un estudio liderado por la profesora Alexandra Johnstone, de la Universidad de Aberdeen, reveló que las personas que priorizaban un desayuno más abundante experimentaban menos hambre durante el día, lo que podría ayudar a reducir el consumo total de calorías.
Con información de: Noticias Venevisión.









