En la vida hay dos tipos de personas: las supersticiosas y las no que no lo son. Las personas supersticiosas creen en la suerte, amuletos o en rituales (como cruzar los dedos, no abrir paraguas en sitios cerrados o no romper cristales) para atraer la buenas cosas y alejar las malas energías.

La psicología habla mucho del tema y reflexiona los motivos que llevan a algunas personas a tener estas creencias. Uno de estos motivos es la necesidad de tener el control sobre situaciones que se alejan de nuestro alcance, por lo que ser supersticioso nos puede dar esa sensación de seguridad y tranquilidad frente a estos momentos.

Relacionado con esto, confiar en rituales o amuletos es una forma de «delegar» y de reducir la ansïedad y el êstrés que nos pueden producir dichos eventos, ya que nos hacen sentirnos protegidos. La superstición nos ayuda a sentir que lo que pasa es gracias a nuestros rituales o amuletos, lo que refuerza la idea de que son efectivos, tal y como pensábamos independientemente de si han afectado al suceso en cuestión o no.

Las supersticiones, paralelamente, pueden generar bastante ansïedad (por ejemplo, si no llevo ropa interior nueva el día de Nochevieja, no tendré un buen año), lo que puede provocar en consecuencia problemas de ëstrés por tratar de tomar el control de cada situación.

Es más sencillo ser supersticioso si una persona muy cercana, como un familiar o amigo, también lo es. Lo mismo sucede con aquellas culturas que se basan en la superstición.

Con información de: BBC

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