El objetivo suena a ciencia ficción: crear una prótêsis que se mueva como una parte del cuerpo, sea capaz de regenerarse y se construya a partir de las células de la persona que la necesita. No lo es, es una línea de investigación en desarrollo en bioingeniería. Ambiciosa y con años por recorrer, pero tangible y que avanza a grandes pasos.

La Universidad de Tokio, en colaboración con la de Waseda, también en Japón, fabricó en febrero un brazo de 18 centímetros a partir de tejidos musculares humanos y capaz de mover los dedos. Y en Barcelona, el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) ha logrado emular la estructura interna de un músculo con bioimpresoras 3D, lo que permite no solo reproducir su forma natural, sino también dotarlo de funcionalidad.

«En el futuro, esta tecnología podría ser útil para el desarrollo de prótêsis, pruebas farmacológicas dirigidas a tejidos musculares o investigaciones sobre fisiología muscular. También para aplicarse en sistemas de robótica blanda que requieran movimientos suaves y amigables”, explica por correo electrónico el profesor Masaharu Takeuchi, de la Escuela de Postgrado en Ciencia y Tecnología de la Universidad de Tokio.

Takeuchi señala que la mano que desarrolló junto a su equipo es la más grande construida hasta ahora en un laboratorio. Está compuesta por finos tejidos musculares cultivados en una mezcla rica en nutrientes, mientras que la parte mecánica la conforman polímeros biocompatibles pueden interactuar con el cuerpo sin provôcar respuestas adversas, como alergïas o tôxicidad y delgados cables de soporte.

Con información de: El Diario

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