Cuando pensamos en un quirófano, lo más habitual es imaginar a los cirujanos con ropa de color verde o azul, rodeados de luces intensas y un ambiente aséptïco. Lo que tal vez no sepas es que el color de esa ropa no ha sido elegido al azar, ni es una cuestión de moda o tradición. Detrás de esa elección hay décadas de experiencia médica, estudios científicos y una intención muy clara: mejorar la precisión visual durante las intervenciones quirúrgicas. Aunque en la actualidad nos parezca algo normal, no siempre fue así.

Hubo una época en la que tanto la indumentaria de los cirujanos como las paredes de los quirófanos eran blancas. Parecía lógico: el blanco simboliza limpieza, esterilidad y pulcritud. Sin embargo, esa decisión estética terminó siendo contraproducente. A lo largo del tiempo, se descubrió que el color blanco, en determinadas condiciones de iluminación, podía generar problemas visuales que afectaban directamente al rendimiento de los cirujanos.

Además, el blanco no ofrece un buen contraste frente a los tonos intensos que predominan en el cuerpo humano durante una intervención. La sângre, los órgânos, los tejïdos, todo se mueve en la gama del rojo, un color que no resalta ni se diferencia con facilidad sobre un fondo blanco.

La visión humana es extraordinaria, pero también tiene sus limitaciones, sobre todo cuando se somete a un gran esfuerzo. Durante una operación, los ojos de los cirujanos están expuestos durante horas a tonalidades muy saturadas, principalmente rojas, como la sângre o los órgânos internos. Esta exposición constante acaba saturando la percepción del color.

La respuesta a este problema llegó gracias a la ciencia del color. En este caso, el verde y el azul son opuestos al rojo, lo que los convierte en los aliados perfectos dentro de un entorno quirúrgico donde predominan los tonos rojizos. El uso del verde o el azul como base para la ropa de lo cirujanos y las paredes del quirófano permite «descansar» los ojos. Al no reflejar la luz de forma agresiva, y al estar cromáticamente equilibrados con los tonos internos del cuerpo humano, estos colores ayudan a que los cirujanos mantengan una percepción más clara y precisa durante toda la intervención.

Además, estos colores minimizan el riesgo de ilusiones ópticas y contrastan bien con la sângre y los órgânos, lo que facilita distinguir estructuras delicadas. Es una decisión que a simple vista puede parecer menor, pero que influye directamente en la seguridad del paciente y en la efectividad del equipo médico.

Con información: Diario AS

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