La vitamina C, también conocida como ácido ascórbico, es un nutriente esencial que el cuerpo no produce por sí mismo, por lo que debe obtenerse a través de la alimentación o suplementos. Su consumo regular fortalece el sistema inmunológico, ayuda en la producción de colágeno y actúa como un poderoso antioxidante.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este micronutriente es fundamental para prevenir enfermedades y mantener una buena salud. «La vitamina C contribuye a la protección celular, mejora la absorción del hierro y acelera la recuperación de infecciones respiratorias», destaca el organismo.
Entre las principales fuentes naturales se encuentran los cítricos (naranjas, limones), el kiwi, las fresas, el brócoli y los pimientos rojos. Los expertos recomiendan un consumo diario de entre 75 y 90 mg para adultos, aunque necesidades pueden variar según edad y condiciones de salud.
Una deficiencia prolongada puede provocar escorbuto, fatiga y mayor susceptibilidad a infecciones. Por ello, mantener una dieta balanceada rica en esta vitamina es crucial para el bienestar integral.









