A Jackson Gutiérrez se le conoce por el abultado volúmen de su producción, 16 películas durante 21 años, y el impresionante éxito que alcanzó su primer film: «Azotes de barrio» (2013), una cinta que lo puso en la mira de los críticos, el público y el mercado alternativo gracias a las ventas de su obra en los “quemaítos” de DVD que tanta popularidad alcanzaron en Petare hasta que la era streaming lo erradicó.
Fue artífice de un movimiento que acercó su trabajo al lenguaje de la calle, “el cine guerrilla”, con piezas sencillas pero contundentes, casi siempre basadas en historias del barrio con desenlaces fatales, al estilo del recordado Clemente de la Cerda.
Hoy está de nuevo en cartelera, en 28 salas de todo el país para ser exactos, con «Las dos caras», historia que insiste en una mirada intimista a las relaciones humanas en condiciones de violencia y periferia, sin dejar de plantear algunos leitmotiv universales como la autosuperación personal pese a las más precarias condiciones de vida.
“Creo que las personas que rechazan este tipo de películas es porque sienten algo muy negativo frente a los problemas sociales. Las dos caras tiene ese concepto, habla de la familia. Un padrastro que maltrata a su hijastro, y este chamo, a pesar de la adversidad, siempre tiene algo en su mente y es el deporte. La única mano amiga que consigue es el pran del barrio y ahí está el mensaje: ¿vamos a esperar que este muchacho se pierda? Este problema social hay que arrancarlo de raíz” enfatiza.
Del cine guerrilla saltó a “aprender haciendo”, modalidad orquestada desde el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac).
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