El “olor a viejo” no es un mito ni una simple percepción cultural. La ciencia ha identificado su origen en un compuesto llamado 2-nonenal, una sustancia que se genera en la piel a medida que envejecemos y que es responsable de ese aroma característico asociado a la vejez. Según los expertos, este olor se debe a la degradación de los ácidos grasos omega-7, insaturados, presentes en la piel, que normalmente protegen contra la oxidación. Cuando estos se deterioran con la edad, los ácidos grasos se oxidan con mayor facilidad, produciendo el nonenal.

En este momento, el compuesto desprende un olor que, según explican los investigadores tiene rastros que recuerdan “a humedad, hierba y grasa”, aunque también puede evocar aromas de “trigo sarraceno y cerveza añeja”. Por este motivo, a diferencia del olor corporal común, el olor asociado a la vejez no puede eliminarse fácilmente.

Así lo ha explicado Leslie Kenny, fundadora de Oxford Healthspan y experta en longevidad: “No se puede ocultar con perfume. El perfume simplemente lo recubre, dándole una especie de olor a humedad”. Tampoco basta con mejorar la higiene: “No se puede eliminar lavando con más frecuencia porque las células no se renuevan lo suficientemente rápido y las grasas en ellas no son tan fáciles de descomponer, por lo que el olor seguirá ahí”, ha señalado antes de explicar cómo evitar este aroma.

En este sentido, una alimentación adecuada puede marcar la diferencia. Por lo que, la experta destaca el valor de una “dieta rica en champiñones y ostras” como una estrategia eficaz para prevenir el mal olor de la piel en edades avanzadas.

De este modo, estos hallazgos apuntan a que el “olor a viejo” no es solo una cuestión cosmética o superficial, sino una manifestación más del deterioro celular y metabólico ligado al envejecimiento. Y, aunque no pueda eliminarse con un simple baño o con fragancias, la ciencia apunta a que su prevención puede comenzar en el plato.

Con información de: La Razón

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