Diversos estudios, programas educativos y marcos de investigación de esa institución concluyen que participar en las tareas del hogar desde la infancia no solo fortalece el sentido de responsabilidad, sino que prepara a los menores para una vida adulta más plena, colaborativa y emocionalmente saludable.
Una línea de investigación clave en Harvard, conocida como el Estudio de Desarrollo Adulto, ha seguido durante más de ocho décadas a distintas generaciones para identificar los factores que contribuyen al bienestar a largo plazo.
Dirigido actualmente por el psiquiatra Robert Waldinger, el estudio ha mostrado que las relaciones personales sólidas incluidas las que se cultivan en el ámbito familiar son mejores predictores de una vida feliz y longeva que el nivel socioeconómico, el coeficiente intelectual o incluso los genes. Este enfoque encuentra eco en otras iniciativas de Harvard. Estas actividades, explican sus autores, ayudan a los niños a percibir el esfuerzo colectivo y a reconocerse como parte activa del grupo familiar.
Participar en actividades como poner la mesa, alimentar a una mascota o vaciar el lavavajillas ayuda a los niños a comprender el esfuerzo compartido que implica sostener una casa y fortalece su conexión con los demás. “Doblar la ropa o sacar la basura puede parecer poco significativo, pero enseña que cada uno tiene un rol en el cuidado del entorno”, sostiene el equipo de Making Caring Common.
Con información de: Miami Diario









