La mayoría de personas ha experimentado alguna vez en la vida el incómodo momento de encontrarse con alguien de frente y no recordar su nombre. Este olvido es muy común, pero puede generar ansiedad o confusión. Y lo cierto es que, desde el punto de vista de la psicología, este fenómeno va más allá de una simple falta de atención.
Cuando conocemos a alguien, nuestro cerebro almacena una serie de datos sobre esa persona, entre ellos, su nombre. Sin embargo, debido a la sobrecarga de información que procesamos a diario, es frecuente que nuestro cerebro de prioridad a lo que considera más relevante en el momento, relegando ciertos datos a un segundo plano, como el nombre de un conocido ocasional.
El principal motivo de olvidar nombres es por la falta de repetición y asociación. Nuestro cerebro necesita hacer una conexión entre su rostro y su nombre y es difícil hacerla nada más conocer a alguien. Por tanto, si no reforzamos esa asociación (nombre-persona) esta se desvanece rápidamente de la memoria.
Con información de: El Tiempo









