Así lo señalan en el documento ‘Cribado, estadificación y seguimiento de la diâbetes tipo 1 en estadios preclínicos: Consenso de las sociedades científicas SED, SEEN y SEEP’, en el que recogen una serie de recomendaciones para estandarizar el control de las fases presintomáticas de la enfêrmëdad a nivel nacional.

La mayoría de los nuevos casos se diagnostican en la infancia (4-7 años) y en la adolescencia (10-14 años). Aunque la edad media de diagnóstico es 32 años, más de la mitad de los nuevos casos en el mundo se producen en la edad adulta.

El documento hace hincapié en implementar programas de cribado en familiares de primer grado (hijos, padres y hermanos) entre los dos y los 45 años. Con ello, se pretenden evitar diagnósticos tardíos que deriven en complicaciones gräves como la cetoacidosis diabética, más frecuente en nïños, que conlleva rïesgo de edema cerebral, déficits cognitivos e incluso la müêrte.

Por ello, las tres sociedades científicas han coincidido en la importancia de detêctar la diâbetes en un estadio preclínico, a fin de poder iniciar un abordaje precoz y personalizado, promover la educación en salud y considerar intervenciones terapéuticas que pueden retrasar la progresión de la enfermedad hacia la fase sintomática.

«Se debe estudiar a los nïños antes del primer pico de incidencia, a los cuatro años, y para que esta detección precoz sea efectiva debe ir acompañada de un programa estructurado de formación y seguimiento que ofrezca el acompañamiento necesario en todo el proceso», ha detallado el endocrinólogo pediátrico y vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP) Jacobo Pérez Sánchez.

«La detección prêcoz contribuye a que no sea necesaria la hospitalización en el debut clínico, ya que la media de días de hospitalización de un nïño o adolescente es entre siete u ocho días y puede reducirse a cero en el caso del cribado de la enfêrmëdad», ha puntualizado el especialista Castaño.

Con información de: En Portal de la Salud

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