Dormir con la televisión encendida es una práctica común para muchas personas, pero la psicología sugiere que detrás de este hábito hay más que una simple costumbre. Para algunos, el sonido constante de la televisión ofrece una sensación de compañía que alivia la ănsiedăd o el miĕdo a la solĕdad. En estos casos, el ruido de fondo actúa como una distracción frente a pensamientos intrůsivos o emociones no resueltas.
También se ha observado que quienes duermen con la TV prendida pueden estar buscando un tipo de desconexión mental. El contenido audiovisual, aunque no se mire directamente, puede ayudar a «apagar» el diálogo interno, facilitando el sueño al bloquear preocupaciones o reflexiones profundas que suelen surgir en el silencio de la noche.
Sin embargo, desde un enfoque psicológico y neurológico, este hábito no es del todo inocuo. La exposición continua a luces y sonidos, incluso en niveles bajos, puede interferir con las fases profundas del sueño, afectando la calidad del descanso. Esto puede traducirse en fătiga durante el día, dificultades de concentración y alteraciones en el estado de ánimo.
Por tanto, si bien dejar la televisión encendida puede ofrecer una sensación inmediata de confort, también puede estar enmascarando necesidades emocionales más profundas. Explorar esas emociones, establecer rutinas de sueño más saludables y buscar otras formas de relajación puede ayudarte a mejorar tu descanso y tu bienestar general.
Con información de: Cronista









