Un reciente estudio de la Universidad de Nottingham en el Reino Unido, enfocado en los efectos indirectos de la pandemia de COVÏD-19 en la salud neurológica, reveló que los cerebros de las personas envejecieron a un ritmo más rápido, incluso en aquellos que no se contagiaron del virus. La investigación, que analizó a cerca de mil participantes sanos, encontró que el cerebro del grupo estudiado durante la pandemia envejeció un promedio de 5.5 meses más rápido que el del grupo de control.

Los hallazgos sugieren que factores psicológicos derivados de la pandemia, como el aislamiento social y la incertidumbre generalizada, podrían ser los principales catalizadores de este envejecimiento acelerado. Si bien estudios previos ya habían vinculado la infección por SARS-CoV-2 con signos moleculares de envejecimiento cerebral y deterioro cognitivo, como un estudio similar de la Universidad de Washington, esta nueva investigación subraya que la época en sí misma tuvo un impacto significativo.

El estudio también observó un declive en el rendimiento cognitivo, especialmente en la flexibilidad mental y la velocidad de procesamiento, aunque esta asociación se limitó a los participantes que sí se habían infectado con el virus. A pesar de que los investigadores reconocen limitaciones, como no poder determinar si estos efectos son reversibles o cuánto duran, enfatizan la urgencia de profundizar en la investigación para mejorar las estrategias de salud cerebral en futuras crisis.

Un experto, Masud Husain, señaló la necesidad de contextualizar los hallazgos, mencionando que la diferencia promedio de cinco meses en la edad cerebral podría no tener un impacto sustancial en la vida cotidiana. Este descubrimiento pone de relieve la necesidad de abordar no sólo los efectos biológicos directos de una crisis de salud global, sino también las repercusiones psicológicas y sociales.

Con información de: El Comercio

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