El Jardín Botánico de la Universidad de Varsovia fue testigo nuevamente de un fenómeno extraordinario: la flor cadáver (Amorphophallus titanum) floreció después de cuatro años de silencio. Este ejemplar, emblemático por su tamaño y su intĕnso aroma, tardó largos años en volver a mostrar su impønente inflorescencia natural.

Con una altura que alcanzó los 180 cm, un ancho de 122 cm y un peso cercano a los 40 kg, aproximadamente 15 kg más que durante su última floración, la planta impuso su presencia en el invernadero, confirmando un aumento notable en su desarrollo tras este periodo de espera.

El fůerte olor que emite, similar a carne en descømpøsición, forma parte de su estrategia natural para atraer insectos polinizadores como moscas y escarabajos, una característica que refuerza su singularidad y relevancia en conservación botánica.

Este tipo de floraciones, especialmente tras una larga pausa, suelen convertirse en eventos científicos y turísticos destacados, y el Jardín Botánico de la Universidad de Varsovia no fue la excepción: visitantes acudieron a presenciar este raro espectáculo natural y conocer de cerca esta magnética planta tropical.

Con información de: La Vanguardia

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