Antes de convertirse en una de las canciones más queridas del repertorio romántico venezolano, ‘En Aquel Café’ era una anécdota compartida entre amigos. Ignacio Rondón tenía 17 años cuando escribió este tema, inspirado en una experiencia de su compadre quien también era músico.

La historia ocurrió en un café nocturno, uno de esos lugares donde se cruzan las almas cansadas. Aquella noche, una mujer entró con el corazón roto, decidida a dejar atrás su tristeza según contó Rondón con humor años después, esta chica, dolida por alguna desilusión habría dicho algo así como: “con el primer feo que vea, con ese me voy”. Y ahí, sin buscarlo, estaba su compadre, el protagonista de este amor.

La creatividad y composición de Ignacio Rondón lograron de ese hecho un bolero moderno, envuelto en nostalgia, con palabras cargadas de emoción. La letra nos sumerge en el punto de vista de alguien que presencia una aparición inesperada, como si el destino le susurrara al oído… y luego se esfumara sin dejar huella.

«En Aquel Café te vi llegar… como una visión que sale del alma…”

Desde el primer verso, la canción no habla de una mujer cualquiera, sino de una aparición que despierta todo lo que estaba dormido. Es un momento que parece eterno, aunque dure apenas segundos.

Lo más poderoso de la historia no es lo que ocurre, sino lo que no ocurre. El hombre quiere hablar, quiere acercarse. Pero el valor no llega. Y en ese instante, todo se derrumba sin que nadie se dé cuenta.

«Quise hablar, pero el vamos no vino a mi»

El momento transcurre y la mujer se marcha. No hay nombre, ni número, ni hubo más nada, solo queda el recuerdo de su presencia y la punzada de lo no vivido. El café se queda vacío, pero más aún, el alma del que se quedó mirando.

«Y te ví partir sin saber tu nombre»

Es aquí donde la canción deja de ser una anécdota para convertirse en algo universal: todos hemos tenido un “En Aquel Café” en nuestras vidas. Un lugar, un momento, una persona que cruzó nuestra historia sin llegar a quedarse.

Lo hermoso de esta canción es cómo Ignacio Rondón, desde tan joven, logró convertir una situación curiosa y casi accidental en una obra que ha acompañado a generaciones.

Con información de: ASVA / Noticias 24 horas

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