La presïón arterïal alta, o hipertênsión, es el principal factor de rïesgo de müêrte prematura, asociada con enfêrmêdades cardíacas, accidentes cerebrôvasculares e infârtos. Sin embargo, las imprecisiones en la forma más común de medir la presïón arterïal implican que hasta un 30% de los casos de presïón arterïal alta podrían pasar desapercibidos.
Entre los que reciben tratamiento, solo una minoría logra mantener los valores de presión dentro de los rangos saludables. Esta situación revela una falla significativa en la detección, diagnóstico y control de la hipertensión, una enfermedad que actúa de manera silenciosa, pero que provoca daños severos en órganos vitales como el corazón, el cerebro y los riñones.
La presión arterial se determina a partir de las lecturas de un manómetro conectado al manguito desinflado. La presión arterial se expresa en dos valores: la presión máxima (sistólica) y la presión mínima (diastólica). Una presión arterial de 120/80 se considera ideal.
Cuando los registros están por encima de estos niveles la mayor parte del tiempo, se considera al paciente hipertenso independientemente de que los supere por mucho o por poco. La enfërmëdad puede desarrollarse en cualquier etapa de la vida, incluso en la infancia, pero la prevalencia aumenta con la edad. A tal punto que a partir de los 65 años llega al 70%.
El desconocimiento de la hipertensión constituye una oportunidad perdida para prevenir daños graves. El control regular de la presión arterial permite detectar la enfermedad a tiempo, ajustar tratamientos y disminuir riesgos de complicaciones a largo plazo. La subestimación sistólica, explicada ahora por Cambridge, enfatiza la necesidad de revisar protocolos y asegurar que los pacientes reciban diagnósticos exactos.
Con información de: El Portal de la Salud









