En 1993, el mundo del espectáculo se sorprendió al conocer que Halle Berry se había casado con el jugador de béisbol David Justice, apenas cinco meses después de conocerse. Lo que parecía una unión impulsiva y llena de promesas, terminó siendo fugaz y lleno de desencuentros.
Según reveló Justice en un reciente podcast, su visión del matrimonio estaba influenciada por ideales conservadores y estereotipos: esperaba que su cónyuge compartiera labores del hogar y mostrara una inclinación maternal—expectativas que, según él, Berry no cumplía. Con el paso del tiempo, comenzó a cuestionar si ella sería la compañera adecuada para fundar una familia.
La distancia y las agendas exigentes también afectaron la relación. Él confesó que ni siquiera habían considerado buscar ayuda profesional, como terapia, para superar sus diferencias. Además, admitió que no estaba emocionalmente preparado para ese compromiso, ya que accedió a casarse más por impulso que por convicción.
Este recuerdo cobra relevancia ahora, décadas después de su separación, al ofrecer una mirada introspectiva sobre cómo los modelos tradicionales y la falta de comunicación pueden afectar una relación, incluso cuando ambas partes tienen mucho por ofrecer profesionalmente e individualmente.
Con información de: Meridiano









