La manera en que escribimos puede decir mucho sobre nuestro mundo interno. Según la grafología, alternar mayúsculas y minúsculas de manera constante no es solo un detalle estético, sino que refleja rasgos de la personalidad.
De acuerdo con los especialistas, esta práctica suele estar asociada con la búsqueda de destacar o diferenciarse, pero también con ciertos estados emocionales.
Necesidad de llamar la atención o remarcar un mensaje. Creatividad e individualidad, con estilo poco convencional. Inseguridad o falta de claridad en la comunicación. Juego estético propio de la escritura digital.
En definitiva, más allá de estas lecturas, lo importante es entender que cada gesto gráfico refleja la forma en que pensamos y sentimos en distintos momentos de la vida.
Con información de: Clarín









