Entre montañas y cafetales, la finca Doña Socorro en la aldea de San Rafael del municipio Andrés Bello (La Azulita) es un ejemplo de perseverancia y amor por el café y que ahora ofrece una ruta turística para los temporadistas y locales.

Jessica Puente, integrante de la unidad de producción de café Los Anacaos, explica que la ruta brinda la experiencia de conocer el proceso, desde la siembra hasta la degustación del café. Puente destacó que la iniciativa, la cual cuenta con el respaldo del Ministerio de Turismo, se da en el contexto de la Vuelta Internacional de La Azulita en bicicleta de montaña como opción turística para los ciclistas, acompañantes de los deportistas, visitantes y locales; pero queda ahora para el disfrute de los turistas que visiten Mérida en esta temporada de vacaciones.

La ruta inicia en la plaza Bolívar del pueblo de La Azulilta, para llegar a la aldea San Rafael, ubicada a 1.400 metros sobre el nivel del mar, en la que se observan mágicos paisajes de naturaleza, con un recorrido de 6 kilómetros aproximadamente desde el pueblo a la aldea; en días despejados se puede ver hasta el Lago de Maracaibo.

Una vez en la finca Doña Socorro se hace un recorrido para explicar e interactuar con los asistentes sobre la cadena de producción del café.

Cinco sentidos al máximo

En el recorrido se vive la experiencia de conocer un patio de secado tradicional de café, observar almácigos (semilleros), cámaras africanas, observar un cultivo de lombrices que genera el humus o abono orgánico.

Visitarán las máquinas de selección, trillado y la torrefactora donde se hace el tostado. Aquí los visitantes viven la experiencia de activar los sentidos de la vista, oído, olfato, tacto al ver, escuchar, oler y tocar el proceso del café para culminar con un taller básico de barismo que se dicta con el sentido del gusto.

El recorrido está planificado para una hora, 30 minutos o un poco más, en la que los paisajes y sabor se conjugan para retratar cada momento.

Gerardo Rodríguez, encargado de la torrefactora y ejemplo de la juventud y su compromiso con la economía del país, contó que aprendió con sus familiares “que conformamos la unidad de producción; no sabía absolutamente nada, yo hacía otro tipo de trabajo, pero a lo que veía a mis tíos me fui formando y guiando por ellos y gracias a Dios ya hoy se sobre la materia del tostado y me gusta compartir mi conocimiento con los visitantes”.

Con información de: Últimas Noticias

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