El calor, los esmaltes permanentes, el cloro, las vacaciones y el verano ponen a prueba las uñas como ninguna otra estación. Aunque muchas veces se asocia el invierno con los problemas de uñas como el debilitamiento por el frío o las tareas domésticas, el verano no se queda atrás. De hecho, es una de las estaciones que más las desgasta.
Muchas horas en la piscina, mantener el esmalte durante semanas y, además, se descuida la hidratación. “Nadar aumenta el rïesgo de resecar la uña. Al estar en el agua, se satura esta, que se evapora al salir, y así, varias veces al día”, explican los manicuristas de Druni, quienes advierten especialmente “del efecto del cloro, más agresïvo que el agua del mar”.
El error más común: dejar el esmalte demasiado tiempo. Olvidarse de cambiar el esmalte, especialmente en los pies. “El esmalte forma una película oclusiva en la superficie de la uña, que puede agravar la sequedad si no se retira con regularidad”, explican los manicuristas de Druni. Las consecuencias van desde “manchas blancas y delaminación cuando se desprenden capas de queratina, hasta problemas más serios como uñas sueltas, que pueden pasar desapercibidas bajo el color”, añaden.
Aunque muchas lo llevan durante semanas, lo ideal es retirarlo con cierta frecuencia. “En las manos, lo recomendable es mantenerlo una semana; en los pies, puedes prolongarlo hasta dos semanas y media o tres como máximo”, indican los manicuristas.
El semipermanente es un aliado para quienes quieren olvidarse de la manicura durante días. Pero hay un gran error que se suele cometer: dejarlo más de la cuenta y arrancarlo con las manos. “El problema es si lo dejas durante varias semanas, corres el rïesgo de que se quede demasiado tiempo (y cuando el semipermanente empieza a desprenderse, todas hacemos lo mismo: lo arrancamos y nos dañamos las uñas)”, advierten los manicuristas de Druni.
Con información de: El Tiempo









