En un país de contrastes y paisajes que quitan el aliento, el fotógrafo Antonio Hitcher ha capturado una historia que va más allá de un simple viaje turístico. A través de un relato que fusiona el misticismo ancestral con la aventura moderna, Hitcher nos invita a reconsiderar el significado de viajar y a descubrir un lado de Venezuela que no se encuentra en las guías convencionales.

Semanas atrás, una expedición poco común unió a un grupo de venezolanos con turistas de Hungría, un encuentro que demostró que el idioma universal de la naturaleza no necesita de palabras. Juntos, se aventuraron en el corazón del majestuoso Auyantepuy, un tepuy sagrado que resguarda la memoria de un pasado mítico.
El viaje, que no fue una simple excursión, se convirtió en un rito de contemplación. Fue allí, en el cañón del Río Churún, donde la historia y la naturaleza se fusionaron. Las leyendas del profesor Lino Figueroa sobre Aramari, la gran serpiente mitológica, cobraron vida cuando, en un instante de 12 minutos, un inmenso arcoíris se formó sobre el río, un efímero puente de luz que reveló la belleza y el misterio del Auyantepuy.

La travesía continuó por 160 kilómetros de pura magia fluvial, navegando los ríos Churún y Carrao. Cada tramo fue una reconexión con la tierra y sus historias: las de Alexander Laime y el enigmático avistamiento en los años 50, o las de «Jungle Rudy» y los mitológicos tigres Kamicharaik. Este no fue un viaje de ida y vuelta, sino una odisea que, como señala Hitcher, nos recuerda que «la verdadera aventura no se trata de conquistar la naturaleza, sino de conectar con ella».
La experiencia de este grupo de viajeros en el Auyantepuy nos deja una profunda enseñanza sobre el turismo en Venezuela. El país no solo ofrece destinos espectaculares, sino la oportunidad de vivir una aventura auténtica, donde la naturaleza, los mitos y la historia se entrelazan. Es una invitación a los viajeros a no solo visitar un lugar, sino a sumergirse en su esencia, a honrar su herencia y a descubrir que la magia de esta tierra no se toma, sino que se recibe con respeto.
Fotografías: @antoniohitcher
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