¿Te ha pasado que saludas a alguien, recuerdas dónde lo conociste, incluso su sonrisa… pero su nombre desaparece por completo de tu mente? Tranquilo, no significa falta de interés ni un prøblëma de memoria grâve, es algo muy común según los psicólogos.

Los nombres propios son más difíciles de retener porque, a diferencia de la ropa que alguien usa o el lugar donde lo conociste, no se asocian a imágenes o emociones fuertes. El cerebro necesita conexiones para guardar recuerdos, y un nombre aislado muchas veces se pierde entre tanta información.

Otro motivo es que casi nunca repetimos el nombre después de oírlo la primera vez. Si no lo usamos en la conversación, lo más probable es que se borre rápidamente. Por eso los expertos recomiendan repetirlo en voz alta o hacer una asociación mental para recordarlo mejor.

El exceso de estímulos también juega su papel: cuando conoces a alguien nuevo estás atento al entorno, a la charla y a la impresión que causas. Con tantas cosas ocurriendo al mismo tiempo, el nombre puede quedar en segundo plano.

Así que la próxima vez que olvides cómo se llama alguien, no te castigues. Es un despiste natural del cerebro y le pasa a casi todos. El truco está en prestar atención, repetir el nombre y, si se te escapa… sonreír y preguntar de nuevo.

Con información de: Heraldo

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