Una nueva oleada de testimonios revela que personas de distintas edades experimentan lo que algunos especialistas denominan el “síndrome del corazón congelado”: un estado en el que el deseo de entrega amorosa y la pasión parecen suspendidos por completo, a raíz de decepciones, relaciones tóxicas o la sobrecarga de estímulos propios del ritmo de vida moderno.
La psicóloga y terapeuta de parejas María Esclapez describe esta situación como una forma de burnout emocional, no como una pérdida definitiva de la capacidad de amar, sino más bien como un mecanismo de defensa. Explica que el cerebro opta por “sentir un poco menos” cuando la saturación interna supera cierto umbral.
Testimonios recogidos para el reportaje ilustran cómo algunas personas han decidido, consciente o inconscientemente, apartar el amor de sus prioridades. Julia, por ejemplo, reconoce que ahora prioriza su crecimiento personal y el cuidado propio antes que entregarse a relaciones sentimentales; Susana observa “red flags” desde fechas tempranas en una cita, lo que le impide confiar lo suficiente como para permitir que nazca el enamoramiento.
Los factores que, según los entrevistados y los expertos, contribuyen a este estado van desde lo individual experiencias traumáticas o patrones familiares disfuncionales hasta lo social: el uso constante de aplicaciones de citas, la velocidad de las relaciones modernas, la falta de tiempo y la cultura de inmediatez que dificulta el crecimiento de vínculos profundos.
Aunque vivir con el corazón congelado puede parecer una forma de autoprotección, los especialistas advierten sobre los riesgos de prolongar este estado: aislamiento, desconfianza crónica y carencia de intimidad significativa. El camino sugerido para reconectar incluye terapia, conversaciones auténticas con quienes rodean a la persona, lectura reflexiva y permitir espacios seguros de vulnerabilidad.
Con información de: El País









