Beber agua con gas está de moda. Si hasta hace unos años era casi una rareza ver a alguien consumiendo esta bebida en un bar en España, no así en países del norte y este de Europa, hoy en día esta opción continúa ganando terreno como alternativa a los refrescos azucarados.
Y no se trata de una percepción, los datos lo respaldan al comprobar que en el último año su venta en supermercados se ha incrementado hasta un 21%. El agua con gas o agua carbonatada no es otra cosa que agua mineral con ácido carbónico o dióxido de carbono. A menudo se hace referencia a que contiene también minerales como sodio, magnesio o calcio, pero el agua sin gas también los contiene; todo va a depender de su presencia o no en el suelo del que procedan.
También conviene aclarar que ese gas puede estar presente de forma natural en el propio manantial del que nace o añadirse posteriormente durante el proceso de embotellado. Si sufrimos hinchazón abdominal o malestar estomacal de forma habitual, el agua con gas puede ayudarnos ya que las burbujas de la carbonatación podrían ayudar a una mejor digestión al estimular la secreción de ácidos gástricos, esenciales para digerir los alimentos.
Tomaríamos un pequeño vaso de agua con gas justo antes de esa comida que sabemos que va a ser abundante, pero sin pasarnos de cantidad ya que provocaría justo el efecto contrario y nos hincharía mucho.
Con información de: La Nación









