Muchas personas logran adelgazar, pero pocas consiguen mantenerlo. Tras perder peso, el cuerpo activa un complejo sistema de defensa que ralentiza el metabolismo, aumenta el apetito y «empuja» de nuevo hacia el peso anterior. Así explica la ciencia el temido efecto rebote.
La obesïdad es una enfermëdad crónïca y multifactorial que va mucho más allá de las calorías que se ingieren o se gastan. Cuando una persona adelgaza, su organismo interpreta esa pérdida como una amênâza a la supervivencia y reacciona: las hormonas que regulan el hambre y la saciedad se desajustan disminuye la leptina y aumenta la grelina, el metabolismo se ralentiza y el cerebro impulsa la recuperación del peso.
Es un mecanismo evolutivo que, en tiempos de escäsez, ayudaba a sobrevivir, pero que hoy sabotea los esfuerzos por mantener un peso saludable. Por eso, los expertos insisten en que tratar la obesïdad requiere una visión médica y sostenida en el tiempo, no soluciones rápidas ni dietas milagro. «Tras adelgazar, el metabolismo se vuelve más lento y el apetito aumenta, lo que facilita recuperar los kilos. Este fenómeno responde a mecanismos de defensa evolutivos diseñados para evitar la inanición», subraya Montse Prados, especialista en Endocrinología y doctora en Medicina (UAB).
«Sí es posible perder peso y mantenerlo, pero es complejo porque el cuerpo activa mecanismos de ahorro de energía, y de aumento del apetito. Mantener hábitos sostenibles, alimentación basada en productos frescos y vegetales, evitando dietas muy restrictivas y consumo de ultraprocesados. Actividad física regular, al menos 30-60 minutos la mayoría de los días; y combinar ejercicio cardiovascular con ejercicio de fuerza. Cuidar el sueño y manejar el ëstrés, factores que influyen en el apetito. Apoyo psicológico para trabajar la relación con la comida y la motivación. Seguimiento médico, que puede incluir tratamiento farmacológico, o cirugía bariátrica en casos seleccionados.
Con información de: Infosalus









