Con el paso del tiempo, ese blanco brillante del refrigerador o la lavadora puede volverse amarillento, dándole un aspecto envejecido al hogar. No se trata solo del uso: la exposición al sol, la grasa de la cocina y ciertos productos de limpieza terminan alterando el color de los plásticos. Pero antes de pensar en reemplazarlos, hay formas simples y caseras de devolverles su tono original.

Uno de los secretos más eficaces combina dos ingredientes que casi todos tenemos en casa: bicarbonato de sodio y agua oxigenada. Al mezclarlos se obtiene una pasta blanqueadora que, aplicada sobre las zonas amarillas, ayuda a eliminar la capa superficial de suciedad y oxidación. Se deja actuar unas horas y luego se limpia con un paño húmedo. El resultado suele ser inmediato: el blanco regresa sin dañar el material.

Para las manchas leves o recientes, una solución de vinagre blanco y bicarbonato también puede funcionar. Además de limpiar, neutraliza los olores y devuelve el brillo natural. Solo se necesita frotar suavemente con una esponja, enjuagar con agua y secar al instante para evitar residuos. Es ideal para microondas, licuadoras o tostadoras.

En los casos más extremos, cuando el plástico parece definitivamente amarillento, puede recurrirse a un tratamiento más potente con agua oxigenada en crema (la que se usa para decolorar cabello). Se aplica con cuidado, se cubre con plástico transparente y se deja reposar varias horas en un lugar ventilado. Después, basta con retirar y limpiar: el efecto suele ser sorprendente.

Más allá de los trucos, lo importante es la prevención. Mantener los electrodomésticos lejos de la luz solar directa, limpiar de forma regular y evitar productos abrasivos prolonga su vida útil y conserva ese aspecto impecable de recién comprados. Porque, a veces, mantener el brillo no cuesta más que un poco de atención y constancia.

Con información de: Mejor con salud

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