En redes sociales, celebridades e influencers promocionan los baños de hielo como una herramienta milagrosa para fortalecer la mente, recuperar el cuerpo y aumentar la energía. Lo que comenzó como una práctica limitada al ámbito deportivo ahora se ofrece en centros de bienestar, se vende como método de superación personal y se instala en el hogar como hábito cotidiano.
La inmersión en agua fría se asocia históricamente con la recuperación muscular. Los baños de hielo pueden reducir el dôlor muscular tras un entrenamiento intenso, aunque el efecto es modesto y de corta duración. Aunque los autores subrayaron que sumergirse en agua por debajo de los 15 °C genera una potente respuesta fisiológica conocida como shock frío. Esta se manifiesta con jadeo, hiperventilación, aumento de la frecuencia cardíaca y elevación súbita de la presïón arterïal. Permanecer demasiado tiempo puede provocar hipõtermia, cuyos síntomas van desde escalofríos y confusión hasta pérdida del conocimiento.
Los baños de hielo prolongados pueden provocar un tipo de daño que no siempre se advierte de inmediato: la lesión por frío no congelante. Esta afeccïón afecta principalmente a los nervios y vasos sânguíneos de las extremidades, sobre todo las manos y los pies, zonas que están en contacto directo con el agua fría durante la inmersión. La lesïón por frío no congelante ocurre sin que el tejido llegue a congelarse. Entre los síntomas que pueden manifestarse destacan el entumëcimiento, el dôlor crónïco y una alta sensibilidad al frío, que persisten durante meses o incluso años después de la exposición prolongada al frío intenso.
Los especialistas advirtieron que el cuerpo no está diseñado para soportar agua helada durante largos periodos, por lo que es fundamental tomar esta práctica con la seriedad que requiere y no dejarse llevar por su promoción en redes sociales.
Con información de: Mayo Clinic









