Con unos músculos espectaculares y una sonrisa amable, Takuya Usui instala a una residente en su silla de ruedas en un hogar de cuidados del centro de Japón, un símbolo de una nueva generación de cuidadores masculinos que son contratados para subsanar las carencias de un país en pleno envejêcimiento. Frenados por los estereotïpos de género y los salarios poco atractivos, los hombres jóvenes han descartado durante años ese sector de los cuidados.
Pero la empresa Visionary, con sede en Nagoya, encontró una fórmula original para atraerlos: contratar a apasionados del culturismo, sedücidos por ventajas como horas de musculación remuneradas y subvenciones para bebidas de proteínas. «Antes, este trabajo no me atraía para nada», reconoce Takuya Usui, exentrenador deportivo. «Pero cuando me dijeron que podía dar uso a mis músculos, me dije: ‘¿Por qué no?'».

Levanta sin esfuerzo a Madoka Yamaguchi, de 65 años, para ayudarla a comer, a lavarse los dientes y echarse gotas en los ojos. «Está tan musculado que nunca me da miedo que pueda dejarme caer», sonríe esta paciente del centro de cuidados para personas discapacitadas de Visionary. Japón tiene la segunda población de mayor edad del mundo tras Mónaco, y se enfrenta a una crïsis aguda de cuidadores: por cada candidato hay cerca de cuatro puestos por rellenar.
La mayoría de los contratados son aficionados al fitness, pero una élite de culturistas profesionales se beneficia de ventajas adicionales, como dos horas de musculación remuneradas al día.
Con información de: Visionary









