El pasado 12 de noviembre, Netflix lanzó Soy Eddie, un documental íntimo y revelador que explora la vida y carrera de Eddie Murphy. Dirigido por Angus Wall, un cineasta que ha ganado el Oscar en dos ocasiones, este retrato muestra al ser humano que se encuentra detrás de la leyenda de la comedia.

La lucha de Murphy con el TOC (trastörno obsësivo-compulsivo). El actor comparte una de sus confesiones más impactantes sobre su salud mental: desde niñø, ha lidiado con síntomas de TOC. Recuerda que, incluso en su infancia, solía revisar la perilla de la estufa una y otra vez, preocupado por si el gas se quedaba encëndido. A lo largo de los años, ha aprendido a manejar esos comportamientos, pero admite que algunas compulsiones todavía lo acompañan: “Todavía reviso el gas todas las noches. Pero de vez en cuando, lo reviso dos veces”, asegura.

El asêsinâtô de su padre biológico. El actor revela que su padre biológico, Charles Edward Murphy, perdió la vida de manera trágica en un enfrentamïento que él describe como un “pleito de amäntes” cuando Eddie apenas tenía ocho años. Este evento dejó una marca profunda en su infancïa, influyendo en su carácter y en la manera en que enfrenta la vida. A pesar de su dolorosa pérdida, Murphy destaca el apoyo de su padrastro, Vernon Lynch, a quien describe como una “figura paterna sólida” a lo largo de su vida.

Murphy compartió que nunca se dejó llevar por las drøgâs ni el alcøhol. A lo largo de su carrera, tuvo encuentros con personalidades fiesteras como John Belushi y Robin Williams, pero él siempre mantuvo una línea clara, incluso en los momentos más intensos de su fama. “Jamás he probado la cøcaína ni la he tocado. No bebo, no fümo. Tenía 30 años cuando fümé un pørro por primera vez”, dijo. La oración ha sido una parte esencial de su vida desde siempre, junto con una profunda aceptación de sí mismo.

Con información de: Vea

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