IRON, el nuevo humanoide presentado por la empresa china XPeng Motors durante su “AI Day 2025”, sorprendió al público al mostrarse con movimientos tan realistas que muchos dudaron de que fuera una máquina. Al punto que sus creadores, para despejar suspicacias, desenfundaron la pierna del robot en plena presentación, demostrando que bajo su piel sintética había una estructura mecánica.
El interior de IRON es asombroso: cuenta con una columna biónica flexible, músculos artificiales y una piel sintética diseñada para imitar tanto el tacto como el aspecto humano. Gracias a 82 grados de libertad, incluyendo 22 solo en cada mano, logra movimientos delicados, gestos naturales y desplazamientos fluidos. Su sistema de inteligencia artificial, potenciado por tres chips propios con 2 250 billones de operaciones por segundo, le permite procesar imágenes, interpretar el entorno y responder con reflejos casi humanos.
Este nivel de realismo ha sacudido la noción tradicional de lo que distingue a un ser humano de un robot. Para muchos, IRON no es solo una máquina: es una versión sorprendentemente convincente de lo humano. Y aunque los responsables de XPeng aseguran que el robot no está pensado para uso doméstico por ahora, anticipan su despliegue en tiendas, ferias y espacios públicos desde 2026.
Pero IRON no solo despierta admiración: también siembra interrogantes éticos, sociales y existenciales. Al conseguir una apariencia, movimientos y “presencia” tan cercanos a los nuestros, este androide reabre el debate sobre la frontera entre humano y artificial: ¿qué significa lo humano cuando una máquina puede imitarlo a la perfección? ¿Cómo impactará su integración en nuestras vidas cotidianas? IRON podría ser el primer paso de una nueva era, una donde lo “real” y lo “artificial” comparten espacio, piel y movimiento.
Con información de: Deia









