Hay ocasiones en que la sociedad nos recuerda que el verdadero progreso no se mide solo en tecnología o cifras, sino en actos de comprensión, respeto e inclusión. Los perros guía para cïegos son una de las pruebas más vivas de que la dignidad humana puede descansar sobre las cuatro patas de un alma entregada.

Los perros guía reciben un adiestramiento metódico y constante para leer la zona, evitar obstáculos, decir «no» cuando una ruta es peligrosa y permanecer junto a la persona a la que acompañan en todo momento. Pero lo más impactante no está en sus habilidades. Está en la relación profunda y recíproca que desarrollan con la persona a la que guían.

«Nos fijamos en su temperamento, su comportamiento, cómo manejan el ëstrés en general. Tienen que tener una buena actitud, un alto coeficiente intelectual, capacidad de observación, agudeza, resolución de problemas. Aprender a servir a los humanos. No tener problemas con el entorno, con las superficies. A ser capaz de gestionar el ëstrés en general, a desenvolverse en él y a encontrar soluciones», dice Yannis Kondraros, fundador de Liberty Guide Dogs.

Muchas veces a los ojos del hombre pueden tener cuatro patas. El perro guía no sólo ve el camino. Ve el corazón del humano que le sujeta con esa correa. Un hombre está siendo guiado hacia su libertad e independencia. Muchas veces en nuestras vidas nuestros guías más fieles puede que nunca hayan dicho una palabra.

Con información y fotografías de: AP

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