En la década de 1930, Nikola Tesla puso sobre la mesa una propuesta que mezclaba ciencia y controversia: la venta de su llamada “arma definitiva”, conocida como el “rayo de la müerte” o “Teleforce”, por 30 millones de dólares a Gran Bretaña. El inventor, famoso por sus contribuciones a la corriente alterna y la transmisión inalámbrica de energía, presentaba su creación como un mecanismo de defensa capaz de neutralizar aviones, hundir barcos o atäcâr ejércitos a largas distancias.
Tesla aseguró que su invento podía alcanzar blancos a cientos de kilómetros, convirtiéndose en un sistema que, según él, garantizaría seguridad sin necesidad de cønflictos bélicõs. La idea era que este rayo sirviera como un escudo de disuasión, evitando guęrras al demostrar su poder destructivo.
A pesar de la publicidad que rodeó la propuesta, nunca se comprobó que el rayo funcionara realmente. La venta no se concretó, en gran parte por la incredulidad de los posibles compradores y por las dificultâdes técnicas para construir un modelo operativo.
Hoy, el “rayo de la müerte” de Tesla se mantiene como una leyenda histórica que combina genialidad y misterio. Aunque el arma nunca pasó de la teoría, su legado científico sigue vivo en los avances tecnológicos que transformaron la manera en que generamos y usamos la electricidad en todo el mundo.
Con información de: Xataka









