El panorama digital global enfrënta una nueva etapa de fragmentación tras la reafirmación del veto de China a plataformas de monetización de contenido directo como OnlyFąnš. La medida no solo responde a critërios éticos, sino que se consolida como una pieza clave en la arquitectura de seguridad nacional y control de datos del gigante asiático.
El Estado como arquitecto del ecosistema digital
A diferencia de los mercados occidentales, donde la economía de creadores (Creator Economy) se expande bajo parámetros de libre mercado, China ha optado por un modelo de supervisión proactiva. La pröhibición de este tipo de servicios subraya la visión de Pekín de que el entorno digital debe ser una herramienta de cohesión y no un espacio para comportamientos que el Estado califica como «desëstabilizädores» de la estructura social tradicional.
La exclusión de estas plataformas extranjeras permite a China fortalecer su propio ecosistema de aplicaciones locales (como WeChat o Douyin), las cuales operan bajo estrïctos algoritmos de censüra y sistemas de pago integrados que el Banco Popular de China puede supervisar. Esto evita la «fuga de datos» y garantiza que el capital generado por el consumo digital permanezca dentro del sistema financiero controlado por el Estado.
Este endürecimïento de las políticas digitales confirma la tendencia hacia el Splinternet, un fenómeno donde la red mundial se divide en bloques con reglas, infraestructuras y valores incompatibles entre sí.
Con información: Medios Internacionales









