Durante décadas, en el Parque Nacional Yellowstone ocurrió algo extraño: los árboles dejaron de crecer. No era falta de lluvia ni cambio climático. El problema comenzó cuando los lobos desaparecieron del ecosistema a mediados del siglo XX, dejando un desequilibrio que tardó años en notarse.
Sin lobos, los alces se multiplicaron sin control. Estos animales se alimentaban de los brotes jóvenes de árboles como los álamos, comiéndolos antes de que pudieran crecer. El resultado fue devastador: durante más de 80 años, los árboles nunca pasaban de ser pequeñas ramas, y el paisaje comenzó a empobrecerse.
Todo cambió en 1995, cuando los científicos decidieron reintroducir lobos en Yellowstone. Con su regreso, los alces ya no se movían libremente ni se quedaban tanto tiempo en las mismas zonas por miedo a los depredadores. Esto dio un respiro a la vegetación.
Años después, ocurrió lo inesperado: los árboles comenzaron a crecer nuevamente. Por primera vez en décadas aparecieron álamos jóvenes, altos y fuertes. Con ellos regresaron aves, insectos y otras especies que dependían de esos árboles para sobrevivir.
Este fenómeno demostró algo clave: cuando un depredador desaparece, todo el ecosistema se rompe, pero cuando vuelve, la naturaleza puede sanarse sola. Los lobos no solo cazaron alces, también devolvieron el equilibrio… y hasta hicieron que el bosque volviera a nacer.
Con información de: Ok Diario









