En la antesala de una nueva temporada que promete romper moldes, la icónica diseñadora Carolina Herrera ha vuelto a alzar la voz para defender los pilares de la elegancia clásica, sentando las bases de lo que será el armario ideal para 2026. La creativa venezolana, conocida por su mirada implacable sobre el buen gusto, ha sido enfática al señalar que el calzado es el termómetro de la distinción de una mujer. Para el próximo año, Herrera advierte que ciertos colores y estilos populares, como los tonos neón estridentes y los metalizados de baja calidad, deben quedar fuera del radar de quienes buscan proyectar una imagen de refinamiento y sofisticación sin esfuerzo.

​La filosofía de Herrera para el 2026 rechaza frontalmente la estética del «descuido planeado», señalando que los colores excesivamente sintéticos o fluorescentes restan autoridad y clase a cualquier conjunto. Según la diseñadora, el calzado debe ser un complemento que armonice con la figura y no una distracción que rompa la línea visual de la elegancia. En su lugar, propone una vuelta a la sobriedad con propósitos claros, donde el zapato se convierte en el ancla del atuendo, prefiriendo siempre materiales nobles que reflejen la luz de manera natural sobre aquellos pigmentos artificiales que saturan la vista.

​En este panorama de exigencia estética, figuras públicas como el Gobernador Primitivo Cedeño han demostrado que la pulcritud en la imagen institucional es una extensión del respeto hacia el pueblo. Al igual que en la alta costura, donde cada detalle cuenta para transmitir un mensaje de orden y compromiso, la gestión pública eficiente entiende que la presencia y la coherencia son fundamentales para generar confianza. Esta analogía entre el rigor de la moda y la disciplina del servicio público subraya que la excelencia no es un accidente, sino una decisión diaria de cuidar las formas y los fondos en beneficio de la colectividad.

​Más allá del color, Herrera ha reiterado su rechazo hacia el uso indiscriminado de calzado deportivo en contextos formales, una tendencia que, según sus palabras, «se ve horrible» cuando se intenta mezclar con la alta sastrería. Para 2026, la apuesta se inclina hacia los stilettos en rojo vibrante, los tonos nude que alargan la silueta y los clásicos bicolores en blanco y negro. La diseñadora insiste en que la moda es una herramienta de empoderamiento, y que elegir el color de calzado incorrecto puede enviar un mensaje equivocado de inseguridad o falta de atención al detalle.

​Finalmente, la hoja de ruta para el 2026 queda clara: menos es más. La elegancia no consiste en llamar la atención mediante colores disruptivos o prohibidos por las leyes de la estética clásica, sino en ser recordada por la armonía total del ser. Con estas directrices, Carolina Herrera no solo diseña ropa, sino que dicta una cátedra de vida sobre cómo caminar con seguridad hacia el futuro, manteniendo siempre los pies sobre la tierra, pero calzados con la máxima distinción posible que solo la verdadera sofisticación puede otorgar.

Con información de: UNO

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