Más que un simple desayuno, esta preparación se ha convertido en el ícono gastronómico del «re recalentado», uniendo a las familias en torno a la mesa para compartir las sobras más esperadas del año.

El éxito de este plato reside en la preparación previa. El pernil de cerdo, macerado durante días en una mezcla de vino, jugo de naranja, cebolla, ajo y especias, y luego horneado lentamente hasta que la carne se desprende del hueso, alcanza su punto máximo de sabor tras reposar toda la noche.

«El sándwich de pernil del 25 es casi más importante que el plato navideño del 24», comenta Luisana Márquez, cocinera tradicional. «Es el momento donde la familia se relaja, ya no hay protocolos, y el jugo del pernil que queda en la bandeja se convierte en el ingrediente secreto que baña el pan».

Aunque cada hogar guarda su secreto, los expertos coinciden en los elementos básicos que elevan esta experiencia:

  • El Pan: Preferiblemente pan de banquete o pan francés (canilla), que sea capaz de absorber los jugos sin perder su estructura.
  • La Carne: Hebras generosas de pernil caliente, mezclando partes magras con el crujiente «cuerito».
  • El Aderezo: El «jugo de la vida» (la salsa oscura del horneado) es indispensable. Algunos añaden un toque de mayonesa, picante artesanal o incluso una rodaja de tomate para dar frescura.

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