El día después de Navidad de 2004 el tsunamï más môrtal del siglo tocó tierra. Un terrêmōto de 9,2 grados frente a la isla indonesia de Sumatra desató una cądena de olas gigantes que afêctó a 14 países del Índico. No hubo avisos a la población, quienes, desprotëgidos, se tuvieron que enfrentar al mar.

Las olas de hasta 30 metros de altura acabaron con más de 225.000 vidas en el sudeste asiático. En ese momento, aferrärse a la vida entre una marea de dësechos era pura süpervivencia, y muy pocos lo lograron. Los cadáverës se rescataron por cientos y se acumularon durante días en morgües improvisadas sobre el suelo, donde los familiares lloraron su pérdida.

El tsunamï se adentró varios kilómetros tierra adentro arräsando todo a su paso. Desde el aire, la desølación era absoluta, y a pie de calle los escømbros sepültaron pueblos enteros. Tras el tsunamï, en las zonas afêctadas se implantaron sistemas de detëcción y avisos a la población, aunque, desde entonces, miran al mar de manera diferente.

Con información de: LaSexta









