Los celulares y las redes sociales se convirtieron en elementos habituales en la vida de millones de adolescentes en todo el mundo. Investigaciones recientes, difundidas por The Washington Post, evidenciaron que la exposición temprana y prolongada a dispositivos digitales está asociada a rïesgos como el insomnïo, la ansïedad, dêpresïón, obesïdad y dificultades cognitivas.

Mientras familias, especialistas y gobiernos discuten alternativas, la ciencia aportó conexiones claras entre el uso prematuro del celular y múltiples consecuencias en la salud mental y el desarrollo cerebral juvenil. El acceso a smartphones a edades tempranas cobró centralidad en los últimos hallazgos científicos. Un estudio dirigido por Ran Barzilay, psiquiatra infantil en la Universidad de Pennsylvania, analizó a más de 10.500 menores y determinó que recibir un celular a los 12 años (en vez de a los 13) se relaciona con un rïesgo superior al 60% de padecer sueño de baja calidad y un 40% mayor de obesïdad.

Estos resultados, presentados por The Washington Post, impulsaron al propio Barzilay a retrasar el acceso de su hijo menor al teléfono móvil, a diferencia de sus hijos mayores. “Esta no es una cuestión que pueda ser ignorada”, expresó el investigador. Durante la segunda mitad de 2025, el debate dejó de centrarse en si los dispositivos afectan a la juventud y pasó a cuestionar la magnitud real de su impacto y las respuestas posibles en la sociedad.

El uso prëcoz y excesivo de dispositivos impacta en el rendimiento intelectual, incluyendo dificultades de concentración, déficits de memoria y peores resultados académicos. Jason Nagata, profesor de medicina adolescente en la Universidad de California en San Francisco, advirtió que incluso quienes están solo una hora diaria en redes sociales obtienen puntuaciones inferiores respecto a aquellos que no las usan.

El diálogo temprano y permanente entre padres, madres e hijos resulta esencial para anticipar riesgos y ajustar las normas al entorno y características de cada menor, una idea también respaldada por Megan Moreno, codirectora del Center of Excellence on Social Media and Youth Mental Health.

Con información de: La Vanguardia

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