Un proyecto ecológico en Nueva York logró reintroducir al arroyo Cattaraugus Creek más de mil juveniles de esturión lacustre, un pez de linaje muy antiguo que a menudo se describe como “fósil viviente”, pero que de ninguna manera es un dinosaurio real, a pesar de la analogía mediática. La liberación de estos ejemplares forma parte de un programa de restauración de poblaciones que busca devolver a este pez a su hábitat histórico en el sistema del lago Erie, afectado durante décadas por la degradación ambiental y la presión humana.
La siembra de los esturiones se realizó en octubre de 2025, cuando los peces de aproximadamente 20 centímetros, criados en un criadero de Wisconsin, fueron liberados en el afluente con la idea de que, tras varios años de vida en libertad, regresen al arroyo para desovar en el lugar donde lo hacían tradicionalmente. El acompañamiento científico incluye microchips de identificación que permitirán monitorear su supervivencia, migración y reproducción a lo largo de los próximos años.
Aunque algunos titulares han comparado el proyecto con la ficción de Jurassic Park, los responsables del plan y expertos ambientales subrayan que el esturión lacustre es un pez ancestral y no un dinosaurio vivo traído de vuelta a la actualidad. La iniciativa, que se ejecuta junto a la Nación Seneca y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, pretende reconstruir gradualmente la población de esta especie en el ecosistema, con miras a establecer una población autosuficiente alrededor de 2040, si las condiciones ambientales y de protección lo permiten.
Más allá del simbolismo, el proyecto tiene implicaciones ecológicas reales, ya que las poblaciones de esturión son indicadores de la salud de los ríos y lagos donde viven. Su presencia puede reflejar mejoras en la calidad del agua, la conectividad del hábitat y la restauración de procesos naturales que se habían interrumpido por décadas de alteraciones humanas.
El plan está diseñado con una perspectiva a largo plazo: los esturiones liberados este año tardarán entre 8 y 10 años en alcanzar la madurez sexual, por lo que solo a partir de la década próxima se podrá evaluar plenamente el éxito del programa y la sostenibilidad de la reproducción en el hábitat restaurado.
Con información de: Hoy Eco









