Todo comenzó fuera del escenario y lejos de los reflectores. Una llamada estratégica fue el primer paso para que 34 hoteles se vincularan con la residencia de Bad Bunny, dando origen a una cadena de movimientos que terminó impulsando el turismo y redefiniendo la forma en que la música y la hotelería pueden trabajar juntas.
La residencia del artista puertorriqueño despertó una demanda inédita de visitantes, con fanáticos llegando desde distintos países para vivir el espectáculo en la isla. Ante ese escenario, el sector hotelero reaccionó rápidamente y se organizó para ofrecer soluciones de alojamiento alineadas con el calendario de conciertos.
La coordinación permitió optimizar reservas y extender estadías, generando una ocupación sostenida durante varias semanas. Para muchos hoteles, el impåctø se sintió más allá de los números: la experiencia demostró que los eventos culturales de gran escala pueden convertirse en aliados clave para dinamizar temporadas tradicionalmente más lentas.
El efecto se expandió hacia otros sectores vinculados al turismo. Comercios, restaurantes y servicios de transporte se beneficiaron del flujo constante de visitantes, confirmando que la música puede funcionar como un detonante económico cuando existe una estrategia bien articulada.
La residencia de Bad Bunny no solo llenó recintos, sino también habitaciones, calles y negocios, dejando claro que a veces una sola llamada es suficiente para activar toda una industria.
Con información de: El Nuevo Día









