Un nuevo estudio internacional demuestra que retrasar el horario de las comidas se asocia con una mayor dificultad para mantener la pérdida de peso en el largo plazo. El hallazgo es especialmente relevante en personas con predisposición genética a la obesïdad, en quienes cada hora de retraso en la ingesta se traduce en un aumento significativo del índice de masa corporal.

Los investigadores, encabezados por la española Marta Garaulet, subrayan que no sólo importa lo qué comemos o cuánto, sino también cuándo lo hacemos, abriendo la puerta a estrategias de nutrición personalizadas. Y es que esta investigación aporta un matiz novedoso, según nos detalla, y que el ‘timing’ de las comidas puede modificar el rïesgo genético de obesïdad, no sólo la dieta o las calorías que se ingieran.

La experta señala cuál es la mejor hora para comer, señalando que esto se puede calcular gracias a lo que se llama ‘punto medio de ingesta’: «Para calcularlo, esto equivale a la diferencia horaria que se da entre la hora a la que desayunas, con tu última comida del día, partida por dos, y se suma por horas al desayuno; es decir, que si desayunas a las 8 am, y cenas a las 8 pm, la mejor hora para comer es a las 2pm horas según estos cálculos».

Se ha comprobado igualmente que aquellas personas que mantengan todas sus comidas retrasadas y el punto medio de ingesta sea a las 3 de la tarde, en general, tienden a engordar más, y a perder menos peso a la hora de venir a un tratamiento de pérdida de peso, refiere Garaulet.

Con información de: El Portal de la Salud

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