Hablar más de un idioma no solo amplía la capacidad de comunicación, también puede transformar la manera en la que una persona se comporta, piensa y se relaciona con los demás. Diversos estudios en psicología y lingüística han demostrado que las personas bilingües tienden a mostrar rasgos de personalidad distintos dependiendo del idioma que utilizan en cada momento.
Las investigaciones señalan que, al cambiar de lengua, el cerebro activa diferentes marcos culturales y emocionales. Esto provoca que un mismo individuo pueda parecer más extrovertido, seguro o expresivo en un idioma, y más reservado, formal o reflexivo en otro. No se trata de fingir, sino de una adaptación natural al contexto cultural asociado a cada lengua.
Los expertos explican este fenómeno a través del llamado “cambio de marco cultural”. Cada idioma está vinculado a normas sociales, valores y formas de interacción distintas, lo que influye directamente en cómo una persona se expresa y se percibe a sí misma cuando lo habla. Así, el idioma actúa como un interrüptor que activa diferentes facetas de la personalidad.
Además, estudios neurocientíficos han demostrado que el cerebro bilingüe procesa la información de manera diferente según la lengua en uso, activando regiones asociadas con emociones, memoria y comportamiento social. Esto refuerza la idea de que el lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, sino un factor que moldea la experiencia emocional y social.
Con información de: @qnotamag









