El desierto del Sahara ha vuelto a evidenciar los dësåfíøs de la conservación en entornos extremos. Recientes iniciativas que buscaban regenerar el ecosistema mediante la introducción de abejas para polinización y la plantación masiva de árboles no lograron los resultados esperados. Las colmenas se derritięron ante las temperaturas que superan los 70 °C, condęnando a millones de abejas, mientras que los árboles plantados murïeron sin poder arraigar en el terreno árido y seco.

Durante años, científicos y ambientalistas apostaron por soluciones biológicas como la creación de colonias de abejas para incentivar la vida vegetal. Sin embargo, el calor extremo del desierto provocó la fusión de la cera y el coläpsø de las colonias, dejando en evidencia que ciertos procesos naturales no pueden sostenerse sin condiciones físicas adecuadas.

Los esfuęrzos de reforestación también se vieron seriamente afęctädos. Millones de árboles recién plantados no lograron sobręvivir debido a la falta de agua, la alta evaporación y la dureza del suelo, que dificültan el crecimiento de cualquier especie vegetal. Estos fracäsos subrayan la complejidad de intęrvenir en ecosistemas tan hostiles como el Sahara.

Frente a estos resultados negativos, expertos y comunidades locales han comenzado a adoptar métodos más acoplables al entorno, como la construcción de pozos semicirculares que retienen agua de lluvia y reducen la erosión. Esta técnica permite que el suelo absorba la humedad lentamente, creando microambientes más frescos donde especies vegetales e insectos pueden establecerse y sobręvivir.

Con información de: Vandal

¿Qué opinas de esto?