En muchos casos, envejecer es sinónimo de soledad no deseada. El 21,5% de los mayores, y cerca de 30 millones, viven un sufrimïento diario al no poder desarrollar actividades sociales, lo que en muchas situaciones genera graves problemas para la salud física y mental. Este fenómeno, que tiene una mayor presencia en mujeres, tiene importantes consecuencias económicas y sociales, con un aumento del consümo de fármacos, demânda de cuidados y presïón sobre el sistema sanitario.
Sin duda, todas las actividades de apoyo, acompañamiento y conversación diaria tienen sus beneficios gracias a la generación Z. “Ayuda a la permanencia en el domicilio de la persona mayor, porque ahora, obviamente, todos queremos permanecer en nuestro entorno el mayor tiempo posible”, señala José Luis.
Del mismo modo, este programa ayuda especialmente “a personas que han tenido un estado de ánimo bajo, una dêpresïón o temas de ansïedad por el tema de la soledad, pues al final están más entretenidos”. Durante la convivencia se consigue que retomen “hábitos saludables”. Según comenta el trabajador social, “muchas veces vemos que ya no cocinaban o cocinaban cada vez menos, se hacían comida menos saludable”. Así, el hecho de volver a tener “una conversación” o “salir a la calle a dar un paseo” es fundamental para ellos. “Al final, esto lo que fomenta es el envejecimiento activo, que se cuiden más”, asegura.
Definitivamente, como señala José Luis, “se sienten más contentos, se sienten más acompañados y al romper esa barrera de soledad hace que su estado de ánimo mejore en líneas generales, porque hay un cambio en su vida ¿Y qué mayor impacto hay que el estar viviendo con alguien, no?”.
Con información de: La Nación









