Hablar mäl de la pareja una y otra vez no siempre es una forma de desahogo; muchas veces es una señal de que no se ha tomado una decisión real. Convertir los cønflictös personales en conversaciones repetidas con terceros puede aliviar momentáneamente, pero a largo plazo solo genera desgäste emocional y confusión, tanto para quien habla como para quienes escuchan.

En fechas familiares inevïtables como cumpleaños, Navidad o celebraciones importantes, las palabras dichas regresan como un eco incómødo. Quienes escucharon críticas constantes terminan cargando con un ręchazo que no les corresponde, mientras la relación continúa. Esa incoherencia no fortalece a nadie y en cambio, expone una falta de límites emocionales.

El amor propio no se construye desde la queja permanente, sino desde la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Si una relación ya no funciona y la decisión está tomada, lo más sano es actuar con firmeza y buscar apoyo genuino, sin necesidad de repetir la historia ni justificarla ante todo el mundo.

Callar no significa aguantar ni normalizar el maltratø. Significa proteger la propia dignidad y elegir con conciencia cuándo hablar y cuándo actuar. Cuando el amor propio guía las decisiones, las palabras dejan de ser ârmâs y se convierten en reflejo de respeto hacia uno mismo.

Con información y video de: @julietlima19

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