Hay personas cuyo talento no solo salva vïdas, sino que literalmente devuelve la luz. Sanduk Ruit es una de ellas. Con manos precisas y una técnica revolucionaria, realiza pequeñas cirugías que elimïnan cataratas en cuestión de minutos, reemplazando la lente natural del ojo por una artificial de bajo costo. Para sus pacientes, ese instante significa mucho más que ver de nuevo: es volver a abrazar a sus seres queridos, reconocer rostros familiares y recuperar la libertad de vivir plenamente.
Durante más de treinta años, Ruit ha llevado su labor a las regiones más remotas de Asia y África, devolviendo la visión a más de 100 mil personas.
Pero su legado va más allá de la cirugía: ha entrenado a generaciones de médicos y profesionales de la salud, enseñándoles un método accesible que puede aplicarse incluso en comunidades aisladas con recursos limitados, asegurando que su impacto trascienda fronteras y continúe multiplicándose.
Sus pacientes suelen llegar después de años de ceguera causada por enfermedâdęs prevenibles, agravâdas por la pobreza y la falta de atención médica. Gracias a su trabajo, estos hombres y mujeres no solo recuperan la vista, sino también la independencia, la posibilidad de trabajar, estudiar y reconectarse con el mundo que habían dejado de ver.
Ruit ha demostrado que la medicina no tiene que ser costosa ni complicada para cambiar vidas. Su técnica combina innovación, rapidez y eficacia, logrando resultados extraordinarios que parecen milagrosos, pero que son fruto de la destreza, la dedicación y la pasión por servir a quienes más lo necesitan.
Con información de: @hechosaclarados









